Recultivo y autonomia

Así que aquí estamos, bastante aislados en las montañas en 18 hectáreas de terreno. Bosque, prados, brezales, arroyos, manantiales, rocas, aire y sol mediterráneo. Se extiende y está vivo. Hay muchas terrazas de piedra antiguas a todas las altitudes, en las que parece que se cultivó mucho en el pasado. Aquí no ha pasado nada desde hace décadas. Desierto de zarzamoras y matorral de aliagas y helechos, dos tipos de vegetación herbácea alta y estable que impiden un mayor desarrollo hacia la reforestación natural, o al menos la retrasan enormemente. Además, hay vacas sueltas que pisotean las antiguas terrazas y contaminan con sus excrementos los manantiales y arroyos. Una vez más, no hay preocupación por y para los recursos naturales.

Pero aquí no queremos revivir una granja. Más bien, queremos trabajar en las condiciones y la naturaleza sin un objetivo directo en mente. Actuar libremente, alcanzar un cierto grado de autosuficiencia, sí, eso es posible. Sin embargo, el aspecto de la autonomía activa es lo más importante para nosotros. Si esto se traduce en una vida autónoma y autosuficiente, entonces está bien.

Resonar con la naturaleza, sentir el genius loci una y otra vez y volver a naturalizar y cultivar cuidadosamente a partir de él, ése debería ser nuestro objetivo. «También queremos crecer personalmente en nuestro trabajo. El hombre trabaja en la naturaleza, pero la naturaleza también trabaja en él al mismo tiempo. Interpenetrablemente, por así decirlo. Esto es exactamente lo que no queremos racionalizar. No hay separación. Cuanto más natural, más natural. Igual que cultivamos la tierra que se nos ha dado, también queremos cultivarnos a nosotros mismos como personalidades. Del mismo modo que queremos utilizar principios como la permacultura para conseguir una estructura natural autónoma que funcione independientemente de los humanos, también queremos aumentar nuestro grado interior de libertad e independencia. Un requisito importante para ello es trabajar mucho el libre albedrío. Pues es el libre albedrío lo que constituye al verdadero ser humano.

Para nosotros, naturaleza y cultura son dos conceptos que originalmente van unidos. Es la creación la que nos proporciona todo lo que necesitamos: Luz, calor, aire, agua, tierra fértil. Las formas de gratitud por ello fueron y son los primeros (contra)logros culturales del hombre.

Especialmente en los últimos tres años, la pérdida de lo cultural y lo social se ha acelerado rápidamente, sobre todo en las sociedades modernas y occidentales. Así que hemos decidido por nosotros mismos empezar de nuevo desde el principio, desde el origen. La gratitud por los dones de la creación y la familia como germen de la sociedad pueden ser el punto de partida. Estar ahí. Veamos qué puede desarrollarse…

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